El movimiento que se resiste al avance de esta tecnología tan veloz y transversal tiene un punto importante cuando considera su impacto en la desaparición de modelos y culturas de trabajo.
Los trabajadores de alto rendimiento se han visto en la carrera de montarse en ese cohete para preservar sus modelos laborales. Lamentablemente, el abuso sin filtro nos ha generado cantidades inmensas de basura comunicacional que, aunque aparentemente ordenada, evidencia la efectividad de distintas startups motivadas por compartirnos superficialidad corporativa.
Desde mi rubro —la comunicación visual—, la Inteligencia Artificial nos ha dado la oportunidad de acelerar la capacidad de producción, sacrificando la calidad y el valor de unicidad de una estrategia de comunicación o, prácticamente, de cualquier otra declaración gráfica.
Hablo de lo más grave: la total deshumanización de la comunicación en nuestra especie.
La oposición a la Inteligencia Artificial se me ocurre como un manifiesto capibarista que aspira al uso racional y progresivo de una tecnología a la que podemos ceder el control del destino humano.
*Ninguna IA fue lastimada durante la producción de este artículo
